Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales

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Opinión

La fórmula del desastre

La seguridad es la nueva salvación: un mandato incontestable en cuyo nombre se ejerce la autoridad. ¿Qué podía ser más importante que la salvación?, preguntaban los poderosos de antes, y vendían bulas y dispensas para asegurar el más allá. Atreverse a cuestionar la autoridad era correr el riesgo de perder la salvación. Los tiempos cambiaron y las personas empezaron a dudar las promesas del más allá porque el más acá no dejaba de ser apremiante, entonces las autoridades empezaron a prometer seguridad. ¿Qué puede ser más importante que la seguridad?, preguntan ahora las autoridades. Tanto antes como ahora solo una voz se ha atrevido a responder a estas preguntas con lucidez, una voz que hoy más que nunca es imposible ignorar.

Sin moralismos. Es economía                                     

Joseph Stiglitz (Premio Nobel de Economía), en su libro El Precio de la Desigualdad afirmaba que “el 90% de los que nacen pobres, morirán pobres”. Claro, él se refería a las variables “esfuerzo” y “meritocracia”, pero el hecho es que la pobreza se mantendrá. Ahora bien, tomemos la variable “aborto” y bajo la hipótesis de Stiglitz, un niño no deseado dentro de una familia de escasos recursos, tendrá el 0.9 de probabilidad de perpetuar la pobreza. Así bien, en el peor de los casos ese hijo pasará al ICBF, ¿cuánto le cuesta al Estado? ¿trampa de la pobreza? ¿Tendremos cifras de desempleo infladas? ¿Tendremos más déficit en la cobertura de salud/educación?

Minería artesanal en Colombia I: el laberinto de la vulnerabilidad

Negar la importancia de la minería en Colombia resulta surrealista. Nuestra historia se forjó por el brillo de los metales preciosos: desde la significación del oro en las comunidades indígenas hasta la anecdótica competencia entre Gonzalo Jiménez de Quesada, Nicolás Federmann y Sebastián de Belalcázar por alcanzar El Dorado. Antes de que Colombia fuera una República, la minería ya era fundamental para la organización en sociedad y ahora en la era tecnológica es indudable que lo seguirá siendo.

¿Quién me vende un pasaje?

El sistema de recaudo Sitp, puede realizarse a través de la tarjeta Tullave, tarjetas bancarias como Davivienda, Colpatria y/o Bancolombia que tienen convenio, aunque con límite de $10.000 pesos diarios, y con carnet universitario de unas pocas instituciones que han logrado realizar acuerdos pese a ser grandes usuarios del sistema.

Minería artesanal en Colombia II: una oportunidad para el desarrollo territorial

En Minería artesanal en Colombia I: el laberinto de la vulnerabilidad, se evidencia cómo ha estado en manos de actores ilegales, profundizando la vulnerabilidad de las comunidades que la trabajan. Aunado a una falla estructural de política pública a la hora de abordar el problema. Ahora, pensar la minería artesanal desde un enfoque de desarrollo puede generar beneficios debido a que, por sus características intrínsecas, puede ser generadora de procesos de desarrollo económico en los territorios de manera endógena.

Minería en Colombia: Satanizada, politizada y desconocida

Durante el último año, he tenido la oportunidad de estudiar más a fondo la actividad minera y su papel en el país; he podido hablar con expertos y profesionales directamente involucrados en el área. Como resultado, he llegado a tres conclusiones: primero, la minería se ha satanizado; segundo, la discusión sobre la actividad minera se ha concentrado -erróneamente- en el terreno político y, tercero, en el país se han popularizado posturas sumamente irresponsables. A continuación, explico mis razones.

Nataly Juliette Rojas

Un desarrollo con sabor a carbón, oro y petróleo

¿Cómo opinar sobre la industria que mueve la economía del mundo, a la que se le atribuye gran parte de los nuevos avances tecnológicos, industriales e incluso sociales del último siglo? La extracción minera como la de hidrocarburos sin duda cambió la forma en cómo se entendía el mundo, gracias al carbón los primeros trenes dieron conexión económica a las naciones, el petróleo se convirtió en un fundamental insumo para la movilidad y el gas, en la principal fuente de energía. Es por esto, que se le ha denotado como una poderosa industria que conduce al desarrollo al país que lo sepa administrar, pero ¿cuánto cuesta el “desarrollo”?

Desarrollo y sostenibilidad ambiental: La falsa dicotomía

Colombia es una tierra de opuestos: el clima, los biomas y el mismo relieve nos invita pensar en el país como un espacio privilegiado, lleno de diversidad cosa que gobiernos y campañas de marketing han capitalizado como una oferta turística o una cuestión que debería enorgullecer y construir cohesión nacional. Nadie olvida el bien logrado slogan “Colombia es pasión”, el primer intento por generar la denominada “marca país”. Pocos años después, se lanzaría el “Colombia, realismo mágico”, haciendo apología al estilo de Gabriel García Márquez, y su inusual manera de mezclar historias cotidianas y rutinarias y sucesos fantasiosos e increíbles (un opuesto en sí mismo), algo muy parecido a lo que sucede hoy en día en Colombia, pero no de la mejor ni más romántica manera.

Minería: los rezagos de una cultura en conflicto

La lucha por la tierra en Colombia radica en un problema sistemático y estructural, que históricamente ha afectado a los sectores sociales más desfavorecidos. Las comunidades más antiguas (como los indígenas) tienen un profundo arraigo por sus territorios debido a que, según su cosmovisión, estos proveen los recursos necesarios para sobrevivir. Si bien hay muchas comunidades indígenas, raizales y palenqueras, con costumbres y formas de vida particulares, puede decirse que esto es una generalidad entre ellas. Como afirma Dario Fajardo, la lucha por el control del territorio tiene origen en los grupos de poder que, desde la época de la colonia, separaron a las comunidades de sus tierras a través la apropiación ilegítima de las mismas y el uso de la violencia .

¡¡No aprendieron economía!!

El consejo del ex Alcalde de Bogotá Enrique Peñalosa, en donde invita a la nueva Alcaldesa Claudia López a ser responsable y aumentar en $100 el pasaje de Transmilenio, no solo es perjudicial para la economía y carente de cualquier concepto técnico real, sino irresponsable y poco sensible con el ciudadano representativo: el ciudadano de a pie.