La otra cara de la cultura nihilista colombiana
La sociedad colombiana se ha arrojado a un nihilismo progresivo. Es decir, se ha dedicado a negar todos los valores supremos en los que creía. Principalmente, ha estado evadiendo cualquier indicio de aquello por lo que alguna vez fue reconocida la capital. ¿A caso se ha convertido la transmutación de valores, alguna vez propuesta por Nietzsche, el enfoque cultural colombiano? Los 723.877 colombianos implicados en riñas durante el último año (2019) pareciesen confirmarlo, según el Dane. Colombia aparenta estar sumida en una realidad carente de cultura ciudadana. En este sentido, ¿será el volver a la Urbanidad de Carreño, la antigua eminencia escrita desconocida por las nuevas generaciones, la única solución a un problema estructural? Ciertamente no. Por el contrario, como lo recalca Mockus, la pedagogía ciudadana es el camino más factible para la superación de lo que ya simulase ser un arraigo cultural. Sin embargo, resultaría un error limitar esa pedagogía a la academia. Verbigracia, paradójicamente, las ciudades de Cali y Medellín─ caracterizadas por comprender la historia más conflictiva y violenta colombiana─ le han apostado al desarrollo de modelos de transformación cultural. Esta es la muestra de proyectos culturales que, a través de su efectividad, llevan a la ilusión de poder recuperar lo olvidado en las nuevas generaciones.