El Salado: una masacre hecha crónica (primera parte)
Ellos llegaron para arrasar con todo, Sarita se dio cuenta antes que yo y vino rápido para que nos fuéramos, pero nos agarraron cuando íbamos a entrar al monte. En pocos segundos, nos llevaron hasta la cancha de fútbol del pueblo; se oían los gritos desgarradores de un hombre, era el profe Álvaro, retorciéndose en el piso porque ellos le habían cortado las orejas. La mano de Sarita me cubrió los ojos, mientras yo imaginaba tal escena de terror.